8 feb. 2011

De galletas y veneno

Tienes una caja llena de galletas, de las cuales, algunas están envenenadas. El sabor de dichas galletas es el mismo que el de las buenas, te das cuenta de que te ha tocado una mala cuando notas sus efectos.
Primero sientes una sensación de incertidumbre, te preguntas si la galleta realmente estaba envenenada o son imaginaciones tuyas, mas tarde, la certeza de que el veneno está haciendo efecto se da cuando notas un sabor extraño en la boca, un sabor a decepción, creías que te comías una galleta buena y mírate, estás envenenado. La tercera fase es un ardor en la garganta, sientes resquemor por no haber sabido diferenciar la galleta buena de la mala y te enfadas contigo mismo. La cuarta transición es un dolor muy fuerte en el pecho, te sientes destrozado. Ésta fase es la peor de todas, porque asumes que estás envenenado hasta las trancas y además es la que más dura. Este envenenamiento se puede curar de dos maneras, o bien comiendo galletas buenas, o bien sin probar una sola galleta en mucho tiempo por miedo a que esté envenenada, pero ésta segunda opción es un error, ya que después de comer una de las malas, tu cuerpo se hace inmune al veneno.

Así son las personas que han pasado y pasarán por tu vida, como una caja de galletas.

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